El Castillo de Manzanares el Real. El poder de los Mendoza

 

Castillo de Manzanares el Real.

Castillo de Manzanares el Real.

 

La característica estampa del Castillo de Manzanares el Real es el vivo recuerdo de la familia más poderosa de la Sierra de Guadarrama, los Mendoza.

Por todos es sabido que la nobleza tiene su origen en agradecimientos y pagos efectuados por la corona. Nada mejor que echar una mano al monarca de turno o a su familia para recibir a cambio una tierras y un título. Así se han perpetuado los títulos nobiliarios durante siglos. Un tatarabuelo dio la cara por un rey en una batalla, y a cambio de ello, el resto de sus descendientes mantienen de por vida el reconocimiento, aunque no sean capaces de hacer la “o” con un canuto, o hayan salido cobardes, que el valor o la lealtad, que se sepa,  no son genéticos.

Sin que ello signifique prejuzgar a los Mendoza, no sabemos cómo eran o cómo son, el caso es que la familia hizo fortuna gracias a un mayordomo real allá por el año 1383. Cierto es que no se trataba de un mayordomo de esos de guantes blancos que eligen la vajilla, era Mayordomo Mayor, algo así como un hombre de máxima confianza del rey que se encargaba de la administración, las finanzas y la contabilidad.

La historia se remonta a muchos años atrás, desde que madrileños y segovianos empezaron a pelearse por el dominio de la tierras serranas, entre las que se encontraban las del Real de Manzanares. Los diferentes monarcas habían ido haciendo transferencias de poder entre Madrid y Segovia, que incluían tierras que temporalmente estaban bajo el dominio de unos u otros.  Así diríamos que iban los reyes  “apagando fuegos” pero no tardaban en encenderse otros; que si esos aprovechamientos son míos, que si ese poblado me pertenece… Segovianos y madrileños, bien, lo que se dice bien, nunca se han llevado. Ni siquiera, hoy día, se ponen de acuerdo en la denominación de la Sierra de Guadarrama, que aunque ya la tenga, “de Guadarrama”,  es llamada por los madrileños “Sierra de Madrid”, para enojo de los segovianos, que con razón no aceptan tal apropiación. Curiosamente, la mayor parte de los pueblos serranos de Madrid tienen su origen en repoblaciones efectuadas con vecinos de las tierras de Segovia. Cosas inexplicables de los conflictos.

En medio de tal desencuentro, el rey Alfonso X el Sabio tomó la salomónica decisión en 1239 de quedarse con todo, “ni para unos ni para otros”, todo para el rey y se acabaron las disputas. Y esta decisión, acompañada de ciertos privilegios, aprovechamientos y usos para las dos partes, supuso casi un siglo y medio de paz. Los distintos monarcas e infantes iban heredando las tierras del Real de Manzanares y no había nada que discutir entre segovianos y madrileños.

Pero hay algo en los gobernantes que les hace tender a la privatización, aunque pasen los siglos las querencias se mantienen. En 1375, el monarca Enrique II comenzó a repartir tierras y adjudicó muchas de las del Real de Manzanares y Buitrago a su mayordomo Pedro González de Mendoza.

Comienza el poder de los Mendoza gracias al mayordomo Pedro, y por si fuera poco, Pedro González de Mendoza resultó ser un héroe. En 1385 salvó la vida al monarca Juan I en la Batalla de Aljubarrota, al cederle al rey su caballo para que huyera quedándose en tierra esperando la muerte, que la halló,  mientras el rey se perdía en la distancia salvando su real vida. Así se narraba la heroica historia en un romance de Hurtado de Velarde en el s. XVII:

Si el caballo vos han muerto,

sobid, Rey, en mi caballo

y si no podeis sobir,

llegad; sobiros hé en brazos.

Poned un pie en el estribo

y el otro sobre mis manos;

mirad que carga el gentio;

aunque yo muera, libradvos.

Un poco es blando de boca,

bien como a tal sofrenaldo

afirmandoos en la silla,

dadle rienda, picad largo…

Dixo el valiente alavés

señor de Fita y Buitrago

al Rey Don Juan el primero

Y entrose a morir luchando…

 

Agradecido que era el rey, no es para menos, el 1386 entregó el Sexmo de Lozoya a Diego Hurtado de Mendoza, hijo de Pedro. Con ello, el poder de los Mendoza se hizo aún mayor.

El actual Castillo de Manzanares el Real es el segundo de los castillos construidos en Manzanares el Real. El primero, situado cerca del cementerio de Manzanares solamente conserva restos de sus muros.

El actual castillo, situado al lado opuesto de donde se ubicaba el primero, se inicia en el año 1475 por orden de Diego Hurtado de Mendoza, primer Duque del Infantado, y se finaliza bajo la dirección de Juan Guas, arquitecto del Palacio del Infantado de Guadalajara, siendo duque Íñigo López de Mendoza, hijo de Diego Hurtado de Mendoza. Para llegar a su estado actual ha sido objeto de diversas reformas y transformaciones.

El proceso autonómico de la Comunidad de Madrid se inició en este castillo en 1981, y en 1982 albergó la constitución de la Asamblea de parlamentarios de Madrid que llevó a cabo la redacción del Estatuto de Autonomía. ÁNGEL S. CRESPO  para GUADARRAMISTAS

 

La Estación Biológica del Ventorrillo

Cualquiera que haya circulado por la carretera M-601 en el tramo  que discurre entre el Puerto y el pueblo de Navacerrada, ha tenido que ver, aunque sea de refilón a través de la ventanilla de su vehículo, las instalaciones de la Estación Biológica del Ventorrillo.

El nombre parece indicarlo todo, estación biológica, y uno puede suponer que es un lugar donde se llevan a cabo estudios biológicos. Efectivamente es así, y no es poca cosa en un país al que le cuesta un mundo llevar a cabo estudios científicos y destinar dineros y edificios a semejantes fines. Lo que no nos podemos imaginar es que este lugar de apariencia modesta, situado en esa curva que los vehículos forzosamente han de  tomar con calma, fue en su momento uno de los lugares punteros en la investigación europea. Sí, de toda Europa y ubicado en la Sierra de Guadarrama, en España.

Edificio de la estación biológica.

Edificio de la estación biológica.

A principios del s. XX no existía lo que ahora llamamos el “I+D+I”, algo que designamos con abreviaturas, con la confianza casi irrespetuosa del que está muy acostumbrado a su trato cotidiano, y que quiere decir, Investigación más desarrollo más Innovación. Tampoco se hablaba de la marca España, ni de esas cosas vacuas de la actualidad que sirven para presumir, propias de los países de mil discursos y pocos recursos. Había entonces entusiasmo, confianza en que el futuro pasaba por la cultura, la ciencia y una labor bien hecha. Por desgracia, como tantas otras cosas, aquella realidad terminó con la fatídica guerra civil y sus nefastas consecuencias.

En la primera década del s. XX, todo aquello que la Institución Libre de Enseñanza, con Giner de los Ríos a la cabeza, había ido generando en torno a los más amplios aspectos de la cultura, tomó forma en el ámbito científico con la creación de la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas. Se nombró director de este organismo, nada más y nada menos que a Don Santiago Ramón y Cajal. En 1911 se creó la Estación de Biología Alpina del Guadarrama, que construyó el edificio del Ventorrillo a finales de 1911.

Constaba por entonces El Ventorrillo con dos pisos, en los que además de laboratorios, microscopios, un observatorio meteorológico y un sismógrafo, los científicos tenían sus propias dependencias en las que podían pernoctar. Allí realizaron investigaciones y organizaron encuentros importantes  entomólogos como Ignacio Bolívar, García Mercet, Dusmet, Martínez de la Escalera o Rene Oberthur ; botánicos como Carlos Vicioso, Antonio Casares o Emilio Huguet; el geólogo Carlos Vidal Box, y en definitiva, una inacabable lista de científicos ilustres, españoles y europeos. Algunos de ellos pusieron  sus apellidos a los insectos y las plantas que observamos en nuestros campos, y a los que hoy recordamos cada vez que empleamos los complicados nombres científicos que la taxonomía emplea.

La guerra civil terminó con todo aquello. Ignacio Bolívar, que presidía la Junta, tuvo que exiliarse en México, se suprimió la Junta para Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas, y aquel centro del Ventorrillo que fue la admiración de los científicos europeos se acabó convirtiendo en 1939 en la residencia de verano del ministro franquista José Ibáñez Martín -no confundir con José Ibáñez Marín-.

El nuevo ministro de Educación tenía claras dos cosas: que El Ventorrillo era un lugar ideal para pasar el verano, tanto que además de convertirla en su residencia veraniega se construyó una piscina y una capilla; y  los derroteros que a partir de entonces iba a tomar la ciencia en nuestro país. Al respecto de esto último, recordamos un par de frases en lo que fue el discurso inaugural del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, organismo que sustituyó a la depuesta Junta, y de la que José Ibáñez Martín fue nombrado presidente. Decía así:

“…Queremos una ciencia católica. Liquidamos, por tanto, en esta hora, todas las herejías científicas que secaron y agostaron los cauces de nuestra genialidad nacional y nos sumieron en la atonía y la decadencia. […] Nuestra ciencia actual, en conexión con la que en los siglos pasados nos definió como nación y como imperio, quiere ser ante todo católica…”.

Actualmente, El Ventorrillo es una estación biológica de campo perteneciente al Museo Nacional de Ciencias Naturales, dependiente del CSIC, y trata de aproximarse a la esencia de lo que en su día fue. Podemos estar seguros de que las intenciones de los biólogos que en ella trabajan son ésas, lo que no sabemos es si en el espíritu de los gobernantes subyacen las ideas de la Institución Libre de Enseñanza o las del ministro veraneante José Ibáñez Martín. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

LA LOMA DEL NORUEGO. UN NORUEGO LLAMADO BIRGER SÖRENSEN

 

Los esquiadores que frecuentan, en la Sierra de Guadarrama, las pistas de las estaciones invernales de Valdesquí  y Navacerrada, conocen sobradamente este enclave. Desde el Alto de las Guarramillas o Bola del Mundo, en dirección norte y de camino hacia el Puerto de Cotos, un sendero transitable en verano y normalmente repleto de nieve en invierno, nos permite recorrer el alargado alcor llamado Loma del Noruego.

Como ocurre muchas veces con los lugares por donde paseamos, conocemos los nombres y la forma de acceder, pero nunca nos preguntamos el por qué de dichas denominaciones. Así que, por si alguien se ha planteado alguna vez quién es ese noruego de la loma, ahí va la historia de un personaje que todavía hoy  perdura en el recuerdo, dando con su nacionalidad apellido a una de las muchas crestas de la Sierra de Guadarrama.

Birger Sörensen nació en 1877, en la ciudad noruega de Fredrikstad. LLegó a Madrid para encargarse de la sucursal de la empresa familiar Compañía de Maderas Sörensen Jakhelin y CIA, situada en la Calle Argumosa de Madrid. Esta empresa tenía su centro de actividades en la localidad de Barum, en la región noruega de Christiania. Curiosamente, en esta región noruega se inauguró la primera escuela europea de esquí moderno y se celebró el primer campeonato internacional.

Con este historial,  Birger Sörensen no podía dejar de pensar en la nieve y en sus viajes hasta Rascafría, donde acudía al aserradero de la Sociedad Belga de los Pinares del Paular  para hacer encargos de madera, encontró en la Sierra de Guadarrama un reducto donde dar rienda suelta a su afición por el esquí. También descubrió que en la España de la época existían algunos personajes extraños a los que les gustaba el deporte y la naturaleza, y que sentían pasión por nuestra sierra. A la cabeza de esos excursionistas se encontraba Manuel Bartolomé Cossío y otros ilustres guadarramistas como Manuel González de Amezúa, fundador del Club Alpino Español. Junto a Sigurd Christiansen, su apoderado en la empresa familiar, comenzó Sörensen a iniciar a estos entusiastas españoles en la práctica del esquí, e incluso les fabricó los esquíes en su fábrica de madera. Así que podemos decir que en la fábrica madrileña de la Calle Argumosa, en el actual barrio de Lavapiés, se fabricaron los primeros esquís de España.

Esquíes antiguos como los que utilizó, seguramente, Birger Sörensen.

Esquís antiguos como los que utilizó, seguramente, Bidrger Sörensen.

Por desgracia, Birger Sörensen falleció muy joven, en 1910, a los 33 años de edad, víctima de unas fiebres tifoideas. El hombre avanzado, llegado de Noruega, que introdujo el esquí moderno en España, no pudo sortear una enfermedad que no supo cómo combatirse hasta años más tarde.

Queda su recuerdo en la toponimia de la Sierra de Guadarrama, en un enclave frecuentado por esquiadores, que rinden homenaje, muchos de ellos sin saberlo, a Birger Sörensen, el noruego. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

El Pinar de los Belgas. La Sociedad Belga de los Pinares del Paular

La toponimia de la Sierra de Guadarrama recoge en muchos casos nombres extranjeros como Camino Schmid, o patronímicos como los que se aplican a la conocida Ducha de los Alemanes o la frecuentada por los esquiadores,  Loma del Noruego. Y es que la Sierra de Guadarrama no solamente ha sido objeto de estudio, paseo y deleite de los habitantes serranos. Muchos ilustres extranjeros “colonizaron” este pedazo del Sistema Central, barrera y paso entre las dos Castillas y fuente inagotable para los ríos de sus dos vertientes, Duero y Tajo.

Llama la atención que uno de los pinares más densos y añejos de nuestra sierra, situado en el municipio de Rascafría –Madrid-, en la falda meridional de Peñalara, tenga atribuido el nombre de Pinar de los Belgas.

Para narrar la historia de estos pinares podemos retroceder en el tiempo casi tanto como deseemos, ya que su vida está relacionada con las ambiciones de riqueza de tantos y tantos hombres que durante siglos han perseguido su explotación. Quizá por eso resulta extraño que a día de hoy sigan perdurando y mantengan su esplendor.  Aunque lo que no han podido los años, ni las talas, ni los pleitos y cuitas lo pueda destrozar cualquier dominguero arrojando una colilla desde su coche, mientras sube al Puerto de Cotos, o uno de esos pirómanos que cada año asolan los bosques, y de los que nunca jamás conocemos nombres o motivos, una vez que el incendio se ha extinguido y ha pasado el sobresalto mediático. Esperemos que eso no ocurra por el bien del pinar y el nuestro.

Sociedad Belga del Paular.

Sociedad Belga del Paular.

El Pinar de los Belgas o los Pinares del Paular como también se les denomina,  vienen a ser la continuación del Pinar de Valsaín por el otro lado de Peñalara, algo así como el envoltorio de la montaña que con excepción de sus partes más altas y desabridas se recubre con dos densas masas forestales en cada una de sus laderas. Y del mismo modo que el Pinar de Valsaín perteneció a la Ciudad y Tierra de Segovia desde el s. XII, el pinar de la ladera sur, también era propiedad segoviana.

Sin embargo, en 1675 el poder de los monjes cartujos del Monasterio de El Paular, que era mucho poder, se hizo efectivo con una Real Cédula de Carlos II que les concedía el  dominio sobre el monte en detrimento de la Ciudad y Sierra de Segovia. No en vano, los cartujos ya habían hecho sus “pinitos” en el Valle del Lozoya, y nos referimos a lo concerniente a la tala de pinos, porque en lo relativo a  explotación de pastos para sus ganados tenían todas los derechos desde 1390. Aún así no podían los monjes evitar la tentación de echar mano a la madera, y más de un pino sucumbió a sus hachas y fue objeto de comercio en poblaciones cercanas al Valle.

En cualquier caso, los pleitos entre segovianos y cartujos por un “quitame allá esos pinos” se dieron por terminados con la mencionada Real Cédula de Carlos II. La cosa quedó en rotunda victoria para los monjes. Con la Iglesia habían topado los recios segovianos, que más tarde toparon con el monarca, ya que los pinares de Valsaín acabaron siendo propiedad del rey Carlos III en 1761, aunque sí tuvo la delicadeza el monarca ilustrado de dejarles sacar ramas de acebo para el Domingo de Ramos y piornos de las alturas para proteger los ventisqueros; menos da una piedra. A cambio, eso sí, el Pinar de Valsaín permaneció intacto y vigilado. Nunca sabremos qué hubiera ocurrido si su explotación hubiera quedado al arbitrio de vaya usted a saber qué administrador, que tampoco los ciudadanos de a pie somos hermanitas de la caridad, y menos en lo que se refiere a los asuntos de la naturaleza.

Así las cosas, a comienzo del s. XIX todo estaba repartido y los Pinares de Valsaín eran conocidos como “Pinar del Rey” y los del lado madrileño como “Pinar de los Frailes”.

En 1837, la Desamortización de Mendizabal arrebató a los cartujos o puso a disposición del pueblo, como queramos, los pinares de la zona madrileña que fueron adquiridos por una sociedad civil belga para su explotación. La decisión levantó ampollas, ya sabemos que en nuestro país molesta mucho que los extranjeros se hagan con el control de nuestras cosas, ya sean pinares, banca o eléctricas, y de hecho algunos levantamientos patrióticos se llegaron a producir, pero la sangre no llegó al río y los pinares fueron para los belgas que los explotaron a través de la sociedad denominada Sociedad Belga de los Pinares de El Paular.

Hoy día, estos pinares y los de Valsaín son un ejemplo de explotación maderera. Su estado de conservación es óptimo y cabe preguntarse qué hubiera ocurrido si la Sociedad Belga de los Pinares del Paular no se hubiera hecho con su aprovechamiento. La respuesta es sencilla, hubiera ocurrido exactamente lo mismo que ocurrió con los aledaños pinares de Malagosto y el Reventón, que fueron completamente talados para obtener el máximo beneficio posible en el menor espacio de tiempo posible. Eso fue lo que hicieron con ellos los empresarios patrios a los que se adjudicaron aquellos montes. Y es que la cultura del pelotazo parece que viene de lejos. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

La Bola del Mundo o Alto de las Guarramillas

 

 

El Alto de las Guarramillas es seguramente una de las cumbres más conocidas de la Sierra de Guadarrama. En primer lugar por su acceso desde el populoso Puerto de Navacerrada, y en segundo lugar y fundamentalmente, por la presencia de los archiconocidos repetidores de televisión, que ha modo de estandarte –poco estético- coronan este enclave serrano y le han otorgado el pseudónimo de Bola del Mundo.

El origen de su nombre real, Alto de las Guarramillas, es algo controvertido, como muchas de las cuestiones que tienen que ver con la toponimia. Las versiones acerca del origen del nombre enzarzan a los estudiosos en disquisiciones que, sin dejar de ser necesarias, muchas veces arrojan más oscuridad que luz. De ese modo, algunos autores desarrollan teorías que hablan de las Guarramas, Guarrama y Gran Guarrama, como topónimos, y otros consideran que se trata de simples deformaciones del lenguaje sin base real para afirmar su existencia.

Las famosas antenas de la Bola del Mundo.

Las famosas antenas de la Bola del Mundo.

Lo único que sÍ podemos afirmar es que el famoso Libro de la Montería del rey Alfonso XI, un auténtico manual de caza que delimitaba zonas geográficas concretas, al referirse a esta parte de la sierra, menciona las Guadarramiellas como puntos donde situar las vocerías, que eran algo así como enclaves para ojeadores que dirigían las piezas –en este caso, osos- hacia quienes iban a darles caza. Lo que no hace el Libro de la Montería es indicar cuántas eran esas guadarramiellas, ni su situación.

Placa del vértice geodésico del Alto de las Guarramillas.

Placa del vértice geodésico del Alto de las Guarramillas.

Cayetano Enríquez de Salamanca, en su libro “Por la Sierra de Guadarrama” editorial Aro Artes Gráficas 1981, afirma que las Guarramillas son cuatro. Se trataría de cuatro elevaciones o resaltes, que de forma escalonada se situarían iniciando el ascenso desde el Puerto de Navacerrada por la pista de hormigón, del siguiente modo: la primera guarramilla estaría localizada donde se encuentra el bar y estación superior del telesilla, a unos 2.180 metros de altitud.  Un poco más arriba hay otro pequeño resalte montañoso, a unos 2.210 metros que sería la segunda y en la que se ubica una cruz metálica. Desde aquí se inicia una rampa ascendente hasta la tercera guarramilla que es la más alta con 2.262 metros y coincide con el lugar donde están situadas las antenas de televisión. La cuarta y última  de estas elevaciones, a unos 300 metros y después de un ligero descenso, sería otra elevación situada al noreste de la tercera, entre el Ventisquero de la Condesa y las pistas de Vadesquí, a 2.246 metros de altitud.

Vista desde el Alto de las Guarramillas.

Vista desde el Alto de las Guarramillas.

Como decíamos al principio, a esta denominación de Alto de las Guarramillas se ha sumado una mucho más popular que es la de Bola del Mundo, a mi juicio menos elegante, aunque también tiene su origen histórico.  En este caso, la historia se remonta al año 1959 cuando se instalaron las antenas repetidoras de televisión. Al parecer, las primeras emisiones televisivas aparecían con una carta de apertura, en la que se podía ver un globo terráqueo o “bola del mundo” donde se distinguía la silueta de España y unas antenas que desde el centro emitían unas ondas circulares. Esta imagen se asoció con las antenas repetidoras del Alto de las Guarramillas hasta el punto de popularizarse el nombre de Bola del Mundo.

Las famosas antenas, coloristas y con forma de cohete,  han sufrido lo suyo en este inhóspito enclave. Hasta tres veces el viento ha derribado la antena de 65 metros, por no hablar de las penurias de los trabajadores, que han tenido que permanecer varios días aislados en sus instalaciones por causa de la nieve. En el Alto de las Guarramillas se han registrado vientos de 190 Km hora y temperaturas inferiores a 20 grados bajo cero. Los trabajadores cuentan que en invierno y con los accesos a las instalaciones cubiertos de nieve, los vehículos pueden tardar más de dos horas en llegar a la cumbre, y que la nieve ha llegado a cubrir por completo el edificio anejo a las antenas. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

 

 

La Tuerta, mujer bandolera y George Borrow o Jorgito el Inglés

 

El bandolerismo, ya lo consideremos crimen organizado, “oficio” o modo de ganarse la vida, tuvo en toda España una nutrida representación. Desde el siglo XI y hasta comienzos del XX se pueden hacer listados de bandoleros, ya sea por provincias, municipios, peligrosidad, especialidades o áreas de interés, porque haberlos los ha habido de toda clase y condición.

Especialmente prolífico en bandoleros y saqueadores de caminos fue el s. XIX, período de nuestra historia convulso, iniciado con la Guerra de la Independencia, en la que la inferioridad militar española se compensó con la pasión de los ciudadanos y las emboscadas guerrilleras. Las necesidades de la postguerra y el hecho de que  algunos de aquellos guerrilleros patriotas se reconvirtieran en autónomos de la violencia en beneficio propio, llenó aún más los montes hispánicos de salteadores de caminos.

Por supuesto, la Sierra de Guadarrama no se quedó al margen de la tendencia, y algunos de los más famosos como Luis Candelas, El Tuerto de Pirón, Pablo Santos, Paco el Sastre o Antonio Sánchez alias “Chorra al Aire”, encontraron en los recónditos escarpes serranos lugar donde actuar y ocultarse. De menor categoría podrían enumerarse bastantes más.

Aún con esta abundancia de bandoleros, no encontramos muchos casos de mujeres bandoleras. El único caso mencionado en la Sierra de Guadarrama corresponde a la que lleva por sobrenombre “La Tuerta”. De su existencia solamente tenemos constancia por la obra del escritor británico George Borrow (1803-1881), conocido popularmente como “Jorgito el Inglés”. Borrow era un viajero impenitente, cuya obra fue traducida por Manuel Azaña, y que se especializó en la vida y cultura gitana. La verdad es que leyendo alguno de sus textos,  “Jorgito el Inglés” debía ser algo masoquista porque le entusiasmaban las sierras y las historias de bandoleros y criminales, pero pasaba un miedo atroz cada vez que se veía en la montaña con la noche cerca.

George Borrow, más conocido como Jorgito el Inglés.

George Borrow, más conocido como Jorgito el Inglés.

Borrow  contaba que había en Madrid dos gitanas de armas tomar,  a las que llamaban “La Pepa” y “La Chincharrona”, con las que el escritor quería mantener una entrevista para documentar sus escritos. Optó por la tal Pepa,  que le presentó a sus  dos hijas, “La Tuerta” y “La Casdami”. La última recibía también el nombre de “La Escorpión”, lo cual nos da que pensar acerca de sus cualidades, y eso que solamente contaba con trece añitos. De su conversación con ellas resultó que “La Tuerta” era una bandolera que actuaba en las inmediaciones del Alto del León, y lo hacía siempre disfrazada de hombre. Según ella, perpetraba los atracos sola usando una escopeta y un caballo, y no había camino que no tuviera escudriñado.

Contó “La Tuerta” al escritor que en cierta ocasión acudió en compañía de otros maleantes a asaltar a un anciano que vivía solo porque sabían que guardaba una importante suma de dinero. Como el anciano se negó a desvelarles el escondite lo torturaron con cortes de navaja y quemaduras. Pero no consiguieron que hablara. Así que a “La Tuerta” se le ocurrió una idea que ni a Tarantino en pleno delirio creativo se le hubiera pasado por la cabeza: restregar los párpados del viejo con una guindilla, por dentro, claro, que es por donde más escuece. Aún así el tipo no habló y decidieron matarlo. Justo en ese momento debió aflorar un nuevo brote psicótico de “La Tuerta” que decidió perdonarle la vida, ya que según ella, un hombre de tal valentía y firmeza de corazón hubiera merecido ser su marido de no ser tan anciano.

De “La Tuerta” no hay más datos que los que George Borrow aportó, así que no parece que fuera una importante bandolera, o tal vez pasó desapercibida o confundida con algún famoso saqueador, por eso de ir disfrazada de hombre.

Para los interesados en la obra de George Borrow:

Los zincalí. Los gitanos en España. Traducción de manuel Azaña. Ed. La Nave. Madrid. 1932

La Biblia en España. Vol III. Traducción de Manuel Azaña. Jiménez Fraud, Editor. Madrid 1921

 

El Alto del León, un paso histórico con mil nombres

Alto del León. Escultura que otorga el nombre a este antiguo paso de montaña.

Alto del León. Escultura que otorga el nombre a este antiguo paso de montaña.

 

El Alto del León, Puerto de Guadarrama, Puerto de los Leones, Puerto del León, Valatome, Tablada o los Leones de Castilla, son solamente algunos de los muchos nombres que ha recibido a lo largo de la historia este estratégico paso de la Sierra de Guadarrama.

Partiendo desde el municipio de Guadarrama, se asciende a este alto cuya cumbre se sitúa a unos discretos 1500 metros. Precisamente, su no muy elevada cota convirtió a este punto de la zona centro occidental de la Sierra de Guadarrama, en uno de los más accesibles pasos entre las dos mesetas castellanas.

El primer nombre conocido, como no podía ser de otro modo es de origen árabe, y este fue Balat Humayd, por donde llevaron a cabo sus incursiones de norte a sur y de sur a norte las huestes musulmanas y cristianas, que cada cierto tiempo y sin faltar a la cita, se atacaban, contraatacaban y saqueaban respectivamente. Cuesta imaginar que allá por el siglo X cruzaran por este paso las impresionantes tropas del Abd- Al Rahmán III, provenientes de Córdoba.

Al finalizar el dominio andalusí, los cristianos castellanizaron el nombre árabe del puerto, que pasó a llamarse de varias formas, entre ellas Valtome, Baratome o Valathome. Y como Valathome se conoció al Puerto del León durante la Edad Media, hasta el S. XIV en el que pasó a denominarse Tablada. Este último nombre sería idéntico al de una famosa venta situada en las cercanías del puerto, en la actual zona madrileña, y que por su importancia y trasiego de caminantes llegó a formar una pequeña aldea. Es precisamente la popularidad de la venta la que proporcionó nombre al puerto. Así lo atestiguan tanto el Libro del Buen Amor del Arcipreste de Hita como el Libro de la Montería de Alfonso XI, este último, auténtico manual de geografía de la época. Actualmente,  Tablada es una estación de tren, de poca importancia, pero que conserva su nombre y un pequeño apeadero, además de ser sus proximidades el único enclave en la Comunidad de Madrid de la mariposa Aricia morronensis, que necesita para vivir de unas determinadas especies de geranio silvestre que tienen en esta zona su reducido y exclusivo hábitat.

Dejando a un lado esta breve incursión entomológica, seguiremos con los nombres de nuestro querido puerto, ahora ya para acercarnos a su actual denominación felina “ Alto del León”.

El puerto de Tablada fue testigo en los Siglos XV y XVI de un continuo trasiego de comerciantes y mercaderías. Era lugar de tránsito obligado para los feriantes de uno y otro lado de la Sierra de Guadarrama, que por su orografía preferían Tablada al cercano paso de la Fuenfría, más directo pero más complicado de atravesar.

Sin embargo, la climatología de antaño, mucho más adversa que la actual, incomunicaba frecuentemente el puerto. Los temporales y nieblas invernales hacían prácticamente invisible el camino, tanto que una de las más famosas ventas de Tablada era la Venta de la Campana, cuyos propietarios hacían uso de una campana para orientar a los perdidos viajeros y guiarlos hasta sus dependencias. De ahí viene otro de los nombres del Puerto, llamado entonces por muchos Puerto de la Campanilla.

Fueron las dificultades derivadas de las condiciones meteorológicas, entre las que se incluían las tremendas nevadas que hacían intransitable el paso durante parte del año, las que motivaron que ya en el S. XVIII –nunca hemos sido rápidos en aplicar medidas-, el monarca Fernando VI decidiera adecentar el Puerto y construir una moderna carretera. El encargado de proyectar tamaña obra fue el ingeniero francés Françoise Nagle. Empleando los por entonces avanzados conocimientos de la ingeniería francesa en  materia de obras públicas, se construyó una carretera que no tiene mucho que envidiar a las actuales, de hecho, el actual trazado y morfología es básicamente el de entonces. La carretera incluía muros de contención, aliviaderos de agua, columnas de señalización para orientación en caso de nevadas, y hasta un bonito paseo para enlazar el puerto con el municipio de Guadarrama. El trazado de este nuevo camino se alejaba 1,5 Km aproximadamente del antiguo paso de Tablada, y establecía una ruta casi directa hacia el municipio segoviano de El Espinar, coronando en el Alto de Guadarrama o Puerto de Guadarrama.  Así en 1749 quedaba inaugurada la obra, y para honor y gloria del monarca que ordenó su construcción, se levantó una escultura de piedra con un león aferrando con sus garras dos globos terrestres. Actualmente el pedestal con el león queda situado en medio de dos carriles, y por si alguien no quiere jugarse el tipo cruzando la carretera para leer la inscripción, adelantamos su contenido: FERNANDUS VI / PATER PATRIAE / VIAM UTRIQUE CASTELLA  /SUPERATIS MONTIBUS FECIT AN. / SALUT. / MDCCXLIX  / REGNO SUI IV / Lo que viene a decir: “ Fernando VI  /Padre de la patria  /hizo para ambas Castillas esta vía / por encima de los montes / 1749 año de nuestra salvación y IV de su reinado”.

Así las cosas, el león de piedra proporcionó un nuevo nombre, Alto del León, al que se sumaron el de Puerto de Guadarrama o Alto de Guadarrama por su ubicación, aunque mucha gente continuó llamándolo Puerto de Tablada recordando al cercano paso anterior. Como consecuencia del nuevo paso se crearon también nuevas ventas, una de ellas la de San Rafael en la zona segoviana, que adquirió gran importancia como punto de referencia en el descanso y aprovisionamiento de los viajeros.

Pero como no podía ser de otro modo, la Guerra Civil Española (1936-1939), dejó su impronta en el puerto y en su nombre. Pocas cosas se salvan en nuestro país de la influencia de la última confrontación fraticida, y el nombre del paso de montaña tampoco quedaría al margen.

Alto del León. Construcción militar de la Guerra Civil Española.

Alto del León. Construcción militar de la Guerra Civil Española.

La histórica situación estratégica del puerto no pasó desapercibida para los contendientes, especialmente para las tropas franquistas que el día 22 de Julio de 1936 tomaron el Alto del León con la colaboración de refuerzos falangistas llegados desde Valladolid. La finalidad era acceder desde allí hasta la cumbre de Cabeza Líjar y tomar el control del importante observatorio que supone esta cima de 1824 metros, situada estratégicamente entre las provincias de Madrid, Segovia y Ávila. Tras los enfrentamientos, de los que dan fe las numerosas construcciones bélicas a lo largo de la ruta hasta Cabeza Líjar, esta plaza también fue ocupada por el ejército franquista, aunque las contiendas no terminaron hasta la toma final de Madrid que supuso el final de la Guerra Civil.

En honor a los soldados que lucharon a favor  de Franco en este puerto, Ramón Serrano Súñer, Ministro de Gobernación en 1939, rebautizó al Alto del León como Alto de los Leones, suponemos que con intención de comparar a aquellos soldados con fieros leones. Por si ello no fuera bastante, teniendo en consideración que la toma del Alto se llevó a cabo con la inestimable colaboración de falangistas venidos de Valladolid, se acuñó comúnmente el nombre Alto de los Leones de Castilla, por eso de que aquellos “leones” eran de Valladolid, preciosa capital que como todo el mundo sabe está en Castilla.

La historia termina en el año 2000 cuando Roberto Fernández, un jubilado madrileño, se empeñó en recuperar el viejo nombre del s.XVIII. Aunque parezca imposible lo consiguió, y el Ministerio de Fomento repuso el nombre con el que actualmente debemos denominarlo, Alto del León, haciendo honores única y exclusivamente al león de piedra que lo corona. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Picotas, rollos y humilladeros, un repaso por el pedernal español más sangriento

Parte superior de la picota.

Parte superior de la picota.

Picotas, Rollos, Humilladeros

El caminante curioso se habrá topado en más de una ocasión con unas extrañas columnas de piedra que suelen encontrarse en algún rincón del interior de las poblaciones. Tienen unos tres o cuatro metros del altura y terminan en una especie de capitel, o aparecen rematadas por una cruz. En otros casos, lo que podemos ver son cruces de piedra sobre un basamento, situadas en el arcén de acceso al municipio, o ubicadas sin más en un cruce de caminos.

No se puede decir que sean construcciones especialmente estéticas. Eso sí, por su aspecto parecen muy antiguas, y desde luego su aspecto es algo siniestro. Según su forma y antiguo uso se denominan picotas, rollos, cruceros o humilladeros.

Las picotas se comenzaron a emplear en el s.XIII. Las primeras se tallaron en madera, y posteriormente se esculpieron en piedra. Su función era la de exhibir en ellas para su escarnio a los reos y por supuesto, causar temor en el resto del pueblo, que al ver el destino del infeliz podía aplicarse eso de “cuando veas las barbas de tu vecino pelar…”.

En la picota no solamente se ataba al reo, según el delito cometido se le desnudaba y untaba en miel para que se lo comieran las moscas,  dejándolo expuesto al público y al sol. Si el delito era merecedor de la pena de muerte, se exhibían en la picota restos mutilados de su ejecución, e incluso se colocaba la cabeza cortada en lo alto. Todo un espectáculo. Las había con ganchos alrededor de la columna que facilitaban las tareas de desgarramiento y sufrimiento del ejecutado, y poseían cuatro extremos, también de piedra en cada ángulo del capitel que permitían pasar las cuerdas con las que atar al ajusticiado. De todo esto podemos extraer el significado de las célebres frases: “poner en la picota” o “estar en la picota”, que se emplean cuando alguien está en el punto de mira de todo el mundo o en situación comprometida.

Picota de El Berrueco -Madrid-.

Picota de El Berrueco -Madrid-.

Similar a la picota es otra columna rematada en un capitel que suele incorporar una cruz u otros ornamentos y que se denomina rollo. Aunque a simple vista parecen la misma cosa, los rollos surgen más tarde, en el s. XIV. Su función es inicialmente simbólica. Servían para informar a cualquier forastero, que la villa tenía capacidad legal para impartir justicia. En la práctica, el rollo también se utilizó en muchas ocasiones con la misma finalidad que la picota, para mostrar a reos y ejecutados.

Los rollos fueron suprimidos con la Constitución de 1812 que consagró la división de poderes y atribuyó la potestad de juzgar con exclusividad a los tribunales de justicia. Tras la Constitución de 1812, los rollos y picotas tuvieron que ser desmantelados y sacados fuera de las plazas principales de los municipios. No obstante, muchas de ellas se conservaron porque los municipios –muy apegados a lo suyo- decidieron transformarlas, darles aspecto religioso o convertirlas en cruceros, cruces de piedra en homenaje a algún hecho, motivo o personaje del municipio y sacarlas a las afueras municipales. Tampoco ayudó Fernando VII, auténtico “zote” y azote de la razón y la ilustración, que hizo lo posible por destrozar todo lo que la “Pepa”, como se llamó a la Constitución de 1812, había traído de modernidad y progresismo a nuestro país.

Los cruceros o cruces de piedra pueden verse habitualmente en cruces de caminos –de ahí su nombre, crucero-,  a lo largo de los caminos señalando algún suceso, motivo y homenaje que por lo general no vamos a ser capaces de averiguar, o en las entradas de los pueblos, como un símbolo de religiosidad y garantía de protección divina. En ocasiones integran alguna figura religiosa y se protegen con una pequeña construcción de piedra que los resguarda de la intemperie. Entonces se  denominan humilladeros, aunque estos son muy escasos y mal conservados.

Piedras antiguas todas ellas, que pasan desapercibidas pero que encierran tremendas historias de nuestra historia. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Historia de una virgen polaca, unas tropas madrileñas y el mismísimo Napoleón

 

 

Imagen de la Virgen de Czestochowa en la Ermita de la Soledad.

Imagen de la Virgen de Czestochowa en la Ermita de la Soledad.

¿Qué hace una imagen de la Virgen de Czestochowa en lo alto de Somosierra?. Pues bien, el origen de su presencia está en un episodio histórico-bélico de nuestra reciente historia. La Guerra de la Independencia libró allí, en el Puerto de Somosierra, una de sus más famosas batallas.

 

Para llegar a Madrid y para salir hacia Francia era preciso atravesar la sierra por alguno de los pasos existentes a principios del siglo XIX, y desde luego no eran ni cómodos ni asfaltados como lo son ahora. Tal vez por ello la relación de Napoleón Bonaparte con la Sierra de Guadarrama no se puede decir que fuera contemplativa ni naturalista. La experiencia del Emperador fue más que dificultosa en tales pasos.

 

Placa que recuerda al general San Juan en la batalla de Somosierra.

Placa que recuerda al general San Juan en la batalla de Somosierra.

Nos ponemos en situación: el 30 de noviembre de 1808 las tropas francesas con el mismísimo Napoleón al frente avanzaban hacia la capital a través del paso de Somosierra. Allí les esperaba el general San Juan con sus baterías de cañones que comenzaron su acción haciendo estragos en las líneas de la Grande Armée. Ante el enorme número de bajas y la imposibilidad de continuar, el propio Napoleón ordenó el ataque de un escuadrón del regimiento polaco de caballería que integraba las fuerzas del multinacional ejército napoleónico. La mayor parte de los soldados polacos murieron, pero consiguieron la retirada española y el paso hacia Madrid. (Hay versiones que dicen que no murieron tantos, y que las tropas españolas abandonaron a las primeras de cambio. Desconocemos hasta dónde llega la verdad de este testimonio y tampoco queremos desilusionar a nadie).

 

Placa conmemorativa que recuerda a los soldados polacos que murieron en Somosierra.

Placa conmemorativa que recuerda a los soldados polacos que murieron en Somosierra.

Lo cierto es que en la Ermita de la Soledad, en el Puerto de Somosierra, diferentes placas rememoran aquel episodio, e incluso una imagen de la Virgen de Czestochowa, en memoria de los soldados polacos, convive con naturalidad entre las imágenes religiosas locales.

 

Más adelante, Napoleón tendría que vérselas de nuevo con la Sierra madrileña, esta vez en el Puerto de Guadarrama cuando se dirigía a Francia. Allí fue el hielo y la ventisca los que le dieron un anticipo de lo que serían sus campañas rusas. Pero eso es otra historia que contaremos otro día. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

 

Refugio de Navafría: de cuartel general a centro de esquí de fondo

 

Refugio del Puerto de Navafría.

Refugio del Puerto de Navafría.

Pasear por la Sierra no tiene por qué ser solamente un ejercicio de disfrute natural. Puede compaginarse con una práctica lección de historia. La naturaleza y el hombre han coexistido, a veces con no buena armonía -generalmente por culpa humana, especie única en el planeta con capacidad de tener culpa y perpetrar actos culpables-.

La guerra es uno de esos actos culpables, y también nuestra Sierra y su naturaleza interactuaron con el hombre en la Guerra fratricida española. Los Puertos de Cotos, la Fuenfría y Navacerrada fueron rápidamente tomados por la milicias republicanas nada más producirse el levantamiento militar. En total, casi 50 kilómetros de sierra fueron ocupando las tropas republicanas por medio del denominado Batallón Alpino, para contener los avances de las tropas nacionales, que trataban de entrar en Madrid desde las llanuras castellanas.

El 16 de septiembre de 1936 los carlistas integrados en el bando nacional, liderados por el comandante Rada, después de varías semanas de asedio y muchas muertes en ambos bandos, se hicieron fuertes hasta el final de la Guerra en el Puerto de Navafría, y establecieron su cuartel general en el refugio del puerto, hoy restaurado y convertido en un pequeño centro informativo de esquí de fondo.

Sobrecoge pensar en la Guerra Civil y en lo que no hace tantos años pasó por esos lugares que hoy solo nos proporcionan placer. Es importante conocer al menos, que todas esas fortificaciones, trincheras, refugios y ruinas que hoy encontramos en nuestros paseos, tienen una historia y han configurado lo que hoy somos. Por cierto, no vendría mal que las Administraciones competentes, al igual que se hace en otros lugares de Europa, cuidaran estos vestigios, se señalizaran y nos dieran alguna información de ellos. Nunca se ha hecho y la realidad es que casi todas las trincheras y fortificaciones están derruidas y casi desaparecidas por la acción de la nieve y el hielo.  ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS