Leptidea sinapis, blanca esbelta

Leptidea sinapis.

Leptidea sinapis.

La mariposa Leptidea sinapis, blanca esbelta, pertenece a la familia de los piéridos. Aunque se encuentra distribuida por toda la Península Ibérica no es una mariposa tan fácil de ver como algunos de sus congéneres. Tal vez ello sea debido a su forma lenta y tímida de volar, siempre muy cerca del suelo y en lugares herbosos y con maleza donde pasa desapercibida. Además, su mayor actividad la desarrolla preferentemente por la tarde, cuando la incidencia del sol es menor, al contrario que otras mariposas diurnas que se muestran especialmente activas cuando el sol más calienta.

Tienen gusto por libar sales minerales de las bostas o excrementos del ganado bovino y caballar, momento en el que se concentran en la tarea y es más fácil observarlas.

En la Península vuela en dos generaciones sucesivas entre los meses de mayo  y agosto. La primera generación ocupa el período comprendido entre mayo y junio, y la segunda, entre julio y agosto. En el centro y norte de Europa solamente se da una generación anual.

Las hembras depositan sus huevos en el envés de las hojas de su plantas nutricias, leguminosas de los géneros Lathyrus, Vicia y Lotus, que se encuentran situadas en zonas frescas y algo sombreadas. Las orugas pasan el invierno como pupa, adheridas a los tallos de las plantas y ocultas entre la vegetación reseca que les sirve de cobertura. En el caso de haber dos generaciones, lo que ocurre en el sur de Europa, incluida la Península Ibérica, las orugas que hibernan como pupa son las que resultan de las puestas de la segunda generación anual, que serán, a su vez, los adultos de la primera generación del siguiente año. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Los vigilantes del bosque. De las cenderas a los agentes forestales

 

Monumento a la Guardería Forestal. Mirador de los Robledos. Valle del Lozoya.

Monumento a la Guardería Forestal. Mirador de los Robledos. Valle del Lozoya.

Todos conocemos que la limpieza y conservación de los montes está atribuida, en la actualidad, a los agentes forestales o medioambientales, que podríamos decir que son los actuales vigilantes del bosque, pero no siempre ha sido así. Hasta finales del s. XIX eran los vecinos de los municipios del área de influencia del bosque los que cuidaban y limpiaban este espacio natural mediante las cenderas o hacenderas.

Los primeros datos de una regulación legal referente a la vigilancia forestal se remontan al s. XVII con Carlos II y sus ordenanzas promulgadas para la vigilancia de animales salvajes y masas boscosas, sin que ello supusiera crear un cuerpo específico. En 1748, Fernando VI nombró a los llamados Guardas de Campo y Monte, que tenían como finalidad evitar los incendios forestales –que por desgracia siempre ha habido-, y vigilar que el ganado no destruyera las plantaciones de repoblación. Carlos III, en 1762, dispuso una Real Orden por la que se creaba la Compañía de Fusileros Guardabosques Reales.

Hasta 1877, año en que se creó el cuerpo de Capataces de Cultivo, no podemos hablar de agentes forestales tal como ahora los conocemos. El capataz de cultivo tenía atribuidas dos funciones. Por un lado, actuaba como policía forestal, y por otro, desempeñaba el cargo de  auxiliar de ingeniería , algo así como ayudante de los  ingenieros de montes para las tareas accesorias y duras que los propios ingenieros no realizaban.

El Reglamento del Cuerpo de Guardería Forestal de 1907 supone el cambio de denominación de capataz de cultivo al de guarda forestal.

En 1941 se publica un nuevo reglamento, el del Cuerpo de Guardas Forestales del Estado, a la vez que se crea la Guardería del Patrimonio Forestal del Estado. En 1972 se constituye el conocido ICONA con la creación de la Escala de Guardas Forestales del ICONA –Instituto de Conservación de la Naturaleza-, que perdurará hasta que la Constitución de 1978 crea  las Comunidades Autónomas con competencias para crear sus propios cuerpos de agentes, algo que plasmarán en sus estatutos de autonomía.

Sin embargo, hasta que a finales del S.XIX no se creara de forma oficial una auténtica policía de montes que se ocupara de la vigilancia y limpieza de los parajes naturales, la actividad era realizada por los propios vecinos de los municipios del área de influencia del monte. Eran las llamadas cenderas o hacenderas, trabajos comunes y variados en beneficio de la colectividad municipal, que en el caso de los relativos al monte incluían su limpieza y desbroce, así como el acondicionamiento y reparación de caminos, usando para ello sus herramientas, sus propias fuerzas y las de sus animales. A la llamada del Ayuntamiento o de la Junta elegida al efecto, los vecinos se ponían manos a la obra para cuidar de sus montes comunes, en lo que llamaban “ir de cenderas”. A cambio de este esfuerzo, se repartían los beneficios que la explotación del bosque producía, algo muy común en tierras de pinares. Las cenderas o hacenderas se remontan a la Edad Media y, sin duda, implicaban a los vecinos, tanto en el trabajo como en el reparto de ciertos beneficios, algo muy recomendable para preservar los bosques y asegurar su buen estado de salud. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Culiseta longiareolata, mosquito

Culiseta longiareolata.

Culiseta longiareolata.

No todas las especies del género Culiseta pican al hombre. Algunas especies solamente pican a los reptiles o a las aves. Culiseta longiareolata está especializada en las aves y en muy raras ocasiones pica al ser humano, aunque también lo hace. Por supuesto, hay especies que se han especializado en la sangre de los mamíferos y esas son las que hay que temer como Culiseta annulata.

El género Culiseta forma parte del orden de los dípteros –Diptera- y está integrado por diferentes especies de mosquitos en la amplia familia Culicidae. Algunas de estas especies tienen la odiosa necesidad de absorber sangre, sin reparar en si la víctima es humana o no.

Son las hembras las que necesitan de la sangre para poder llevar a cabo su ciclo reproductivo. Para ello emplean su larga y puntiaguda probóscide, que a forma de estilete penetra en la piel. En el momento de picar segregan una sustancia que cumple dos funciones: la primera es anestesiar la zona, de modo que el individuo afectado no sienta dolor y no perciba que está siendo picado; y la segunda, impedir la coagulación de la sangre, para que ésta fluya y sea fácil y rápidamente absorbida, -cuanto menor sea el tiempo que tarde en picar, menor será la posibilidad de ser descubierta-. Precisamente es la reacción alérgica a esta sustancia la que nos produce el posterior picor y la erupción cutánea. Algunas personas no manifiestan reacción, o la sufren de forma muy ligera, y es por lo que creen que los mosquitos –o mosquitas- no les pican. Lo cierto es que los mosquitos nos pican a todos, aunque parece que las mujeres, y en ciertos momentos del ciclo hormonal, son más atractivas para las hembras de mosquito, debido a la presencia en su sangre de hormonas y elementos más útiles para los fines reproductores del insecto.

Los machos de mosquito se alimentan de néctar y otras sustancias, aunque eso no les libra de ser aplastados o fumigados, y se diferencian de las hembras por el penacho plumoso que tienen en su cabeza.

Los mosquitos del género Culiseta tienen una peculiar forma de posarse, lo hacen con el cuerpo ligeramente arqueado pero en paralelo a la superficie. En cambio, los temidos mosquitos del género Anopheles, algunas de cuyas especies transmiten la malaria, se posan con el cuerpo totalmente inclinado.

Las larvas de los mosquitos necesitan del medio acuático para desarrollarse, así como unas temperaturas altas y estables.

Algunos peces son voraces consumidores de larvas de mosquito, como la gambusia Gambusia holbrooki, un pez que se introdujo en 1921 en las lagunas españolas para combatir plagas de mosquito. No contenta con las lagunas, la gambusia ha ido invadiendo también los ríos. Cosas que ocurren con las especies alóctonas que el ser humano introduce en hábitats que no son los propios. Sin embargo, otras especies animales como la notonecta, un insecto hemíptero que vive en charcas y aguas remansadas, es uno de los más eficaces depredadores de larvas de mosquito, concretamente devora eficazmente las de Culiseta longiaerolata. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Jasminum fruticans, jazmín silvestre

 

Jasminum fruticans. Flores.

Jasminum fruticans. Flores.

Jasminum fruticans o jazmín silvestre  es un arbusto que no supera el metro y medio del altura. Es el único jazmín silvestre autóctono que existe en Europa. Todos los demás jazmines, incluido el conocido, perfumado y muy usado en jardinería,  jazmín blanco, Jasminum officinale, son alóctonos, es decir, foráneos o provenientes de otros lugares del mundo, la mayoría de zonas tropicales de Asia.

El área de distribución de Jasminum fruticans abarca toda la región mediterránea desde la Península Ibérica a Turquía. En la Península está presente por toda la geografía, aunque se hace más raro cuanto más al norte.

Su hábitat lo forman los encinares, quejigares y bosques esclerófilos, en general, con presencia de pedregales y roquedos entre los que crece. Aporta cobijo a un importante número de mamíferos y aves, como conejos, liebres y perdices.  No suele estar presente por encima de los 1.500 metros, ni en zonas extremadamente frías o en las que no haya cierto grado de humedad.

El jazmín silvestre o jazmín amarillo pertenece a la familia de las oleáceas como el olivo, el aligustre o el fresno.

En cuanto a sus usos y propiedades medicinales, no podemos decir que sean muy relevantes, si bien se le atribuyen cualidades calmantes y sedativas. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Jasminun fruticans. Jazmín silvestre.

Jasminun fruticans. Jazmín silvestre.

Jasminun fruticans. Frutos.

Jasminun fruticans. Frutos.

Solanum dulcamara, dulcamara, uvas del diablo

Solanum dulcamara. Frutos

Solanum dulcamara. Frutos.

Solanum dulcamara,  comúnmente dulcamara o uvas del diablo, presenta unas inconfundibles flores y unos frutos de un intenso color rojo que hacen que esta trepadora perenne no pase desapercibida, aunque lo intenta, ya que Solanum dulcamara suele enmarañarse y confundirse entre otras plantas cercanas a las riberas de los ríos y cursos de agua donde habita.

Solanum dulcamara pertenece a la familia de las solanáceas, un grupo de plantas entre las que se encuentran algunas de las más tóxicas que podemos encontrar en el campo.

El nombre dulcamara proviene de la conjunción de los calificativos dulce y amargo, y es que su sabor es en principio amargo y finalmente dulce; en latín la denominaban “amaradulcis”. El motivo de esta transformación está en el efecto que produce la saliva al separar los azúcares contenidos en los glucoalcaloides de la planta. No obstante, se recomienda no hacer la prueba, ya que Solanum dulcamara es una planta muy tóxica con efectos similares a la belladona. De hecho, los otros nombres hacen alusión a su condición de planta venenosa; matagallinas o uvas del diablo son lo suficientemente descriptivos.

En medicina se le atribuyen múltiples propiedades, lo cual no excluye su toxicidad. Bajo control médico  y en los preparados farmacéuticos supervisados profesionalmente, la dulcamara es narcótica, calma los ataques y espasmos de tos y asma, es diurética, sirve para tratar la gota y el reuma, y con los tallos se elaboran medicamentos para tratar los eczemas crónicos.

Los frutos aplicados sobre las picaduras de avispa calman la hinchazón y el dolor, probablemente por sus efectos narcóticos y sedantes.

Se han demostrado las propiedades antitumorales o anticancerígenas de la solamarina, uno de los glucoalcaloides de Solanum dulcamara.

Podemos encontrar esta planta trepadora por toda Europa, en lugares húmedos siempre cercanos a los cursos de agua. Florece entre los meses de junio y octubre, y los frutos en forma de racimos pueden observarse en otoño. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Solanum dulcamara. Flores.

Solanum dulcamara. Flores.

 

Jara pringosa. Cistus ladanifer

Flor de Cistus ladanifer.

Flor de Cistus ladanifer.

La jara pringosa Cistus ladanifer es probablemente una de las plantas más conocidas por sus inconfundible flores, su aroma y sus hojas pegajosas y brillantes.

La floración masiva de la jara, entre los meses de mayo y junio, supone un espectáculo visual. Los jarales vestidos de blanco aportan al campo un aspecto inconfundible similar al de una gran nevada pero en plena primavera, a lo que sin duda contribuye el tamaño de sus flores de hasta 10 cm de diámetro.

La jara pringosa ocupa suelos silíceos, pobres, con escasa vegetación. Los encinares degradados y zonas de tránsito entre encinar y robledal son el espacio que ocupa esta planta todo terreno capaz de sobrevivir en las condiciones más duras y en los suelos más difíciles. Es un arbusto perenne que puede llegar a alcanzar los 4 metros de altura, aunque lo normal es encontrarlos con menor porte, entre 1,5 y 2 metros.

Cistus ladanifer recibe su nombre científico de la pertenencia a la familia de las cistáceas Cistus, y del ládano, ladanifer, sustancia pegajosa y aromática que desprenden sus hojas.

El ládano es una sustancia resinosa que la planta emplea para evitar competencia de otras especies vegetales. Al parecer, inhibe el crecimiento de otras plantas, lo que viene muy bien a la jara que ya se las tiene que apañar en suelos pobres que no ofrecen muchos nutrientes que compartir.

Actualmente, el ládano se emplea en la industria de la perfumería, y antiguamente era muy apreciado como cicatrizante, sedante, desinfectante y para elaborar una sustancia que supuestamente ayudaba a curar las hernias. Para la recolección del ládano se empleaban cabras, a las que se dejaba en los jarales con la intención de que terminaran impregnadas de esta sustancia pegajosa. Posteriormente, se procedía a “peinar” a los animales y así separar de su pelo la preciada resina. Otro método más “moderno” y más higiénico era la cocción de las hojas de jara pringosa hasta conseguir una especie de pez o brea con la que incluso se llegaron a embrear las calles de algunas poblaciones zamoranas. Zamora es una de las provincias de España con más abundancia de esta planta.

Además del ládano, la propia madera de la jara y las hojas han tenido sus usos tradicionales. Las flechas o dardos usados en las ballestas medievales se fabricaban con madera de las ramas de jara, y de las hojas cocidas, junto a otras especies vegetales, se obtenía una sustancia que servía para curar las heridas que osos y otros animales causaban a los perros en las cacerías. De ello da fe el famoso Libro de la Montería del Alfonso XI.

Las flores de la jara son del gusto de las abejas y la miel obtenida es de excelente calidad y sabor.

Variedad de floración de Cistus ladanifer.

Variedad de floración de Cistus ladanifer.

En la actualidad, el uso de Cistus ladanifer como planta medicinal no es muy habitual. No obstante, entre sus propiedades medicinales se destaca el carácter balsámico del ládano, incorporado a jarabes para la tos y la bronquitis, como antiespasmódico y en el tratamiento de úlceras y gastritis.

La jara pringosa Cistus ladanifer se distribuye principalmente por Extremadura, centro y sur la de Península Ibérica, y es más escasa en el norte, Galicia y Cataluña.

En la Sierra de Guadarrama aparece en algunos puntos de forma abundante, en las zonas de degradación del encinar, roquedos y terrenos pobres de la rampa serrana. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS

Capullos florales de Cistus ladanifer. Se aprecia el brillo del ládano

Capullos florales de Cistus ladanifer. Se aprecia el brillo del ládano.

Jaral de Cistus ladanifer.

Jaral de Cistus ladanifer.

Curculio elephas Balanino

© ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO. Curculio elephas. Balanino.

© ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO. Curculio elephas. Balanino.

Curculio elephas, también conocido como balanino o gorgojo de las bellotas, utiliza este fruto para depositar sus huevos.

Este ser con pinta de extraterrestre es un gorgojo perteneciente al orden de los coleópteros –entre los que se encuentran los escarabajos-, y a la familia de los curculiónidos.

Los insectos son los animales más numerosos del planeta Tierra y, dentro de ellos, los coleópteros. En el orden de los coleópteros ganan por mayoría los gorgojos, la familia más numerosa del reino animal, con más de 50.000 especies conocidas.

Curculio elephas recibe el nombre común de balanino o gorgojo de las bellotas y no solo utiliza las bellotas para depositar sus huevos, sino también para  dar cobijo y alimentación a sus larvas.

Destaca, en el aspecto de Curculio elephas, su larga trompa, que la hembra emplea en verano para perforar la bellota en la que pondrá sus huevos. Después, la larva vive en el interior del fruto, no solo de la encina, sino también del quejigo, roble, alcornoque y coscoja, durante todo el tiempo que la bellota permanece prendida del árbol. Cuando el fruto cae al suelo, el pequeño balanino, que ya se ha desarrollado parcialmente en el interior alimentándose del nutritivo manjar, ensancha el tamaño del agujero por el que la hembra introdujo el huevo y sale al exterior. Allí, en el suelo, se entierra y permanece oculto durante el invierno terminando su fase de metamorfosis. En el siguiente verano sale al exterior formado como un adulto de Curculio elephas y dispuesto a perpetuar la especie.

Por supuesto, este gorgojo de simpático aspecto, no parece tan amable a quienes se dedican a la bellota como modo de vida. Parece que los árboles afectados por Curculio elephas presentan un daño añadido conocido como “melaza” o “melosillo”, una secreción azucarada de las bellotas que las hace caer prematuramente y que además atrae a otros parásitos y hongos. Y es que la mamá balanina sabe bien donde perfora. Como todos hemos visto, muchas bellotas no caen del árbol cuando llega el otoño, algunas se quedan prendidas,  sin desprenderse de esa especie de tapa o cúpula que a modo de sombrerillo acoge a la bellota. Y eso es algo que la hembra de Curculio elephas no puede permitir, ya que si la bellota no cae, su larva no puede enterrarse en el suelo. Por ello perfora la bellota en un punto muy concreto que hace que ésta pierda savia y se contraiga lo suficiente para asegurar el desprendimiento del sombrerillo o cúpula, así como su caída prematura al suelo para garantizar la subsistencia de su larva.

La caída prematura de bellotas afectadas por Curculio elephas puede provocar daños intestinales a los animales que se alimentan de ellas en las dehesas, no por la presencia de la larva, sino por la falta de madurez que las hace poco digeribles. Sin embargo, ese consumo por parte de los animales es un medio de control biológico de las plagas, ya que al consumir la bellota antes de que la larva se entierre en el suelo se corta el ciclo biológico.

Curculio elephas está presente por toda la Penínusla Ibérica, lógicamente en aquellos lugares donde existan las fagáceas, árboles productores de bellotas. ÁNGEL S. CRESPO para GUADARRAMISTAS