Un precioso coleóptero bupréstido que habita preferentemente zonas de encinar y robledal, ya que sus larvas se desarrollan sobre árboles del género Quercus, especialmente Quercus ilex (encina), Quercus faginea (quejigo), Quercus pyrenaica (roble melojo). Parece ser que aunque puede atacar a árboles sanos, suele emplear aquellos que ya han sido parasitados previamente por otras especies. Una vez adulto, su alimentación se basa en el polen de las numerosas plantas primaverales y veraniegas. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS
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Thecla quercus (Moradilla del roble, Nazarena)
El macho y la hembra de esta especie tienen su anverso, aunque en distinta proporción, de un color morado que da origen al nombre común de “moradilla o nazarena”. Además, su presencia en los robles melojos Quercus pyrenaica, acaba determinando el nombre común “Moradilla del roble”, aunque no solamente es habitante del roble. También lo es de otras especies de género Quercus, como son la encina Quercus ilex y el quejigo Quercus faginea. Vuela entre junio y septiembre casi siempre por las copas y ramas altas de los árboles que constiyuen su medio de vida, ya que las orugas se alimentan de sus hojas. Muy difícil detectarla si no se mira hacia las zonas altas del árbol y casi más difícil fotografiarla. No obstante, es común y a veces abundante en algunas zonas. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS
CUARTA SEMANA DE FEBRERO 2010
Mientras las zonas de montaña siguen aún en el reposo invernal, en las áreas habitadas por los robles Quercus pyrenaica, las encinas Quercus ilex, los quejigos Quercus faginea o los alcornoques Quercus suber, las temperaturas son algo más benignas y una incipiente actividad se puede empezar a observar.
Las dehesas boyales jalonadas por pequeños bosquetes de robles, fresnos Fraxinus angustifolia y enebros de la miera Juniperus oxycedri esconden los incipientes brotes del gamón Asphodelus albus, una planta que en pocas semanas será muy abundante y se convertirá en reclamo de numerosas especies de insectos. También empiezan a verse los primeros brotes de peonía. Ambas especies son frecuentes en la Sierra de Guadarrama, Paeonia officinalis y Paeonia broteroi –rosa alabardera-, así como el narciso que anuncia la primavera, todavía muy escaso Narcissus bulbocodium.
La actividad de los insectos se limita a las arañas que entre las hierbas corretean persiguiendo a seres que no soy capaz de distinguir. Son arañas lobo, seguramente del género Pardosa. También algunas pequeñas moscas aprovechan el tibio sol y unos peludos himenópteros hacen lo mismo sobre un tronco.
Pinzones, mosquiteros, jilgueros, currucas, carboneros, mitos, urracas, grajillas, milanos y ratoneros destacan entre las aves.
La presencia del zorro, tan poco dado a dejarse sorprender, se hace evidente por esa costumbre suya de depositar sus excrementos en lo alto de las piedras. Muestras en el suelo de topos y topillos, y unas hozaduras que creo son de jabalí Sus scrofa completan el rastro de los mamíferos.
Imposible de momento sorprender a los anfibios, espero que pronto alguna salamandra deje verse mientras se asolea. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS






