Fuente Cossío, naturaleza e historia

 

Fuente Cossío.

Fuente Cossío.

En el Puerto de La Morcuera, ya en el término municipal de Rascafría, una fuente de cristalinas aguas, frías y serranas nos da la bienvenida. Mientras rellenamos cantimploras o nos refrescamos se hace inevitable detener la mirada en el Macizo de Peñalara y en las alturas de la Cuerda Larga que nos rodean. Silencio sepulcral solamente roto por el paso de algún coche por la carretera que une Miraflores y Rascafría, proyecto de la República que unió estas dos localidades de la Sierra de Guadarrama en Madrid.

 

En este espacio natural  se respira también una  parte fundamental de nuestra historia. Manuel Azaña se despejaba de política, oratoria y problemas –muchos tenía- en una de estas praderas de La Morcuera. Mientras, en la Laguna Grande de Peñalara, frente a Don Manuel, otro guadarramista, Don José Ortega y Gasset se deleitaba en el silencio de la Laguna Grande. Cuentan que en una ocasión en que nuestro filósofo iluminaba sus ideas con la mirada fija en la Laguna, una joven le preguntó – Señor, ¿Cuál es la Laguna Grande?. La tiene usted delante dijo Ortega. ¿Y esto es grande?, – replicó la joven que imaginaba encontrar un gran lago. Don José miró a su alrededor y contestó solemnemente, – Aquí todo es grande señorita-.

 

F. Cossío.

F. Cossío.

 

Un nuevo trago de agua fresca y siguen viniendo a la mente ilustres personajes, escritores y poetas que admiraron esta Sierra, el Marqués de Santillana, Góngora, Moratín, Jovellanos, Gautier, Mesa, Machado, Panero, Rosales, Aleixandre, y la Institución Libre de Enseñanza con Giner de los Ríos. Precisamente, tras la muerte de Giner, fue Don Manuel Bartolomé Cossío –que da nombre a la fuente-, quien llevó a cabo una importante labor en la Institución en la que fue alumno y profesor. Riojano de Haro, guadarramista de pro, historiador del arte y pedagogo krausista, su obra aún sigue siendo referencia en la pedagogía, sin olvidar por supuesto la famosa Historia General del Arte Summa Artis, que creó junto a José Pijoán, y que publicó en 1931 Espasa Calpe. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

CAMPOS DE CASTILLA. LAS ENCINAS (fragmento). ANTONIO MACHADO

¡Encinares castellanos

en laderas y altozanos,

serrijones y colinas

llenos de oscura maleza,

encinas, pardas encinas;

humildad  y fortaleza!

Mientras llenándoos va

el hacha de calvijares,

¿nadie cantaros sabrá,

encinares?

El roble es la guerra, el roble

dice el valor y el coraje,

rabia inmoble

en su torcido ramaje;

y es más rudo

que la encina, más nervudo,

más altivo y más señor.

El alto roble parece

que recalca y ennudece

su robustez como atleta

que, erguido, afinca en el suelo.

El pino es el mar y el cielo

y la montaña: el planeta.

La palmera es el desierto,

el sol y la lejanía:

la sed; una fuente fría

soñada en el campo yerto.

Las hayas son la leyenda.

Alguien, en las viejas hayas,

leía una historia horrenda

de crímenes y batallas.

¿Quién ha visto sin temblar

un hayedo en un pinar?….

…¿Qué tienes tú, negra encina

campesina,

con tus ramas sin color

en el campo sin verdor;

con tu tronco ceniciento

sin esbeltez ni altiveza,

con tu vigor sin tormento, y tu humildad que es firmeza?

En tu copa ancha y redonda

nada brilla,

ni tu verdioscura fronda

ni tu flor verdiamarilla.

Nada es lindo ni arrogante

en tu porte, ni guerrero,

nada fiero

que aderece su talante.

Brotas derecha o torcida

con esa humildad que cede

sólo a la ley de la vida,

que es vivir como se puede.

CAMPOS DE CASTILLA (Camino de Valsaín). ANTONIO MACHADO

¿Eres tú, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos

y  por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil soles vienen,

cabalgando conmigo, a tus entrañas.