Anthaxia hungarica

Anthaxia hungarica.

Anthaxia hungarica.

Un precioso coleóptero bupréstido que habita preferentemente zonas de encinar y robledal, ya que sus larvas se desarrollan sobre árboles del género Quercus, especialmente Quercus ilex (encina), Quercus faginea (quejigo), Quercus pyrenaica (roble melojo). Parece ser que aunque puede atacar a árboles sanos, suele emplear aquellos que ya han sido parasitados previamente por otras especies. Una vez adulto, su alimentación se basa en el polen de las numerosas plantas primaverales y veraniegas. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

Thecla quercus (Moradilla del roble, Nazarena)

Thecla quercus.

Thecla quercus.

El macho y la hembra de esta especie tienen su anverso, aunque en distinta proporción, de un color morado que da origen al nombre común de “moradilla o nazarena”. Además, su presencia en los robles melojos Quercus pyrenaica, acaba determinando el nombre común “Moradilla del roble”, aunque no solamente es habitante del roble. También lo es de otras especies de género Quercus, como son la encina Quercus ilex y el quejigo Quercus faginea. Vuela entre junio y septiembre casi siempre por las copas y ramas altas de los árboles que constiyuen su medio de vida, ya que las orugas se alimentan de sus hojas. Muy difícil detectarla si no se mira hacia las zonas altas del árbol y casi más difícil fotografiarla. No obstante, es común y a veces abundante en algunas zonas. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

CAMPOS DE CASTILLA. LAS ENCINAS (fragmento). ANTONIO MACHADO

¡Encinares castellanos

en laderas y altozanos,

serrijones y colinas

llenos de oscura maleza,

encinas, pardas encinas;

humildad  y fortaleza!

Mientras llenándoos va

el hacha de calvijares,

¿nadie cantaros sabrá,

encinares?

El roble es la guerra, el roble

dice el valor y el coraje,

rabia inmoble

en su torcido ramaje;

y es más rudo

que la encina, más nervudo,

más altivo y más señor.

El alto roble parece

que recalca y ennudece

su robustez como atleta

que, erguido, afinca en el suelo.

El pino es el mar y el cielo

y la montaña: el planeta.

La palmera es el desierto,

el sol y la lejanía:

la sed; una fuente fría

soñada en el campo yerto.

Las hayas son la leyenda.

Alguien, en las viejas hayas,

leía una historia horrenda

de crímenes y batallas.

¿Quién ha visto sin temblar

un hayedo en un pinar?….

…¿Qué tienes tú, negra encina

campesina,

con tus ramas sin color

en el campo sin verdor;

con tu tronco ceniciento

sin esbeltez ni altiveza,

con tu vigor sin tormento, y tu humildad que es firmeza?

En tu copa ancha y redonda

nada brilla,

ni tu verdioscura fronda

ni tu flor verdiamarilla.

Nada es lindo ni arrogante

en tu porte, ni guerrero,

nada fiero

que aderece su talante.

Brotas derecha o torcida

con esa humildad que cede

sólo a la ley de la vida,

que es vivir como se puede.