En algunos enclaves de la rampa serrana podemos encontrar este curioso arbusto que llega a alcanzar porte de arbolillo con sus 5 metros de altura.
Además de su efecto ornamental, ya que adquiere tonalidades diferentes a lo largo del año, algunas muy vistosas, el cornicabra Pistacia terebinthus ha sido venerado desde la antigüedad por las civilizaciones mediterráneas.
De la cocción de sus ramas se obtuvo el primer aguarrás o esencia de trementina empleada en la composición de barnices y pigmentos. Actualmente se obtiene de diferentes especies de pino. Su madera, de un precioso veteado rojizo, se ha utilizado en la elaboración de mangos, cucharas, castañuelas, y en Grecia donde el arbusto es abundante, en la elaboración de copas. Decía el filósofo Teofrasto “que la suavidad de la madera era tal que no se distinguían de la cerámica”.
El nombre común “cornicabra” proviene del parecido que con los cuernos de cabra tienen unas protuberancias que surgen en los extremos de las ramas. No son frutos, son “agallas” o lo que es lo mismo, tumoraciones que la planta produce tras ser parasitada por insectos, en concreto por el pulgón Baizongia pistaciae. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

