Historia de una virgen polaca, unas tropas madrileñas y el mismísimo Napoleón

 

 

Imagen de la Virgen de Czestochowa en la Ermita de la Soledad.

Imagen de la Virgen de Czestochowa en la Ermita de la Soledad.

¿Qué hace una imagen de la Virgen de Czestochowa en lo alto de Somosierra?. Pues bien, el origen de su presencia está en un episodio histórico-bélico de nuestra reciente historia. La Guerra de la Independencia libró allí, en el Puerto de Somosierra, una de sus más famosas batallas.

 

Para llegar a Madrid y para salir hacia Francia era preciso atravesar la sierra por alguno de los pasos existentes a principios del siglo XIX, y desde luego no eran ni cómodos ni asfaltados como lo son ahora. Tal vez por ello la relación de Napoleón Bonaparte con la Sierra de Guadarrama no se puede decir que fuera contemplativa ni naturalista. La experiencia del Emperador fue más que dificultosa en tales pasos.

 

Placa que recuerda al general San Juan en la batalla de Somosierra.

Placa que recuerda al general San Juan en la batalla de Somosierra.

Nos ponemos en situación: el 30 de noviembre de 1808 las tropas francesas con el mismísimo Napoleón al frente avanzaban hacia la capital a través del paso de Somosierra. Allí les esperaba el general San Juan con sus baterías de cañones que comenzaron su acción haciendo estragos en las líneas de la Grande Armée. Ante el enorme número de bajas y la imposibilidad de continuar, el propio Napoleón ordenó el ataque de un escuadrón del regimiento polaco de caballería que integraba las fuerzas del multinacional ejército napoleónico. La mayor parte de los soldados polacos murieron, pero consiguieron la retirada española y el paso hacia Madrid. (Hay versiones que dicen que no murieron tantos, y que las tropas españolas abandonaron a las primeras de cambio. Desconocemos hasta dónde llega la verdad de este testimonio y tampoco queremos desilusionar a nadie).

 

Placa conmemorativa que recuerda a los soldados polacos que murieron en Somosierra.

Placa conmemorativa que recuerda a los soldados polacos que murieron en Somosierra.

Lo cierto es que en la Ermita de la Soledad, en el Puerto de Somosierra, diferentes placas rememoran aquel episodio, e incluso una imagen de la Virgen de Czestochowa, en memoria de los soldados polacos, convive con naturalidad entre las imágenes religiosas locales.

 

Más adelante, Napoleón tendría que vérselas de nuevo con la Sierra madrileña, esta vez en el Puerto de Guadarrama cuando se dirigía a Francia. Allí fue el hielo y la ventisca los que le dieron un anticipo de lo que serían sus campañas rusas. Pero eso es otra historia que contaremos otro día. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

 

Refugio de Navafría: de cuartel general a centro de esquí de fondo

 

Refugio del Puerto de Navafría.

Refugio del Puerto de Navafría.

Pasear por la Sierra no tiene por qué ser solamente un ejercicio de disfrute natural. Puede compaginarse con una práctica lección de historia. La naturaleza y el hombre han coexistido, a veces con no buena armonía -generalmente por culpa humana, especie única en el planeta con capacidad de tener culpa y perpetrar actos culpables-.

La guerra es uno de esos actos culpables, y también nuestra Sierra y su naturaleza interactuaron con el hombre en la Guerra fratricida española. Los Puertos de Cotos, la Fuenfría y Navacerrada fueron rápidamente tomados por la milicias republicanas nada más producirse el levantamiento militar. En total, casi 50 kilómetros de sierra fueron ocupando las tropas republicanas por medio del denominado Batallón Alpino, para contener los avances de las tropas nacionales, que trataban de entrar en Madrid desde las llanuras castellanas.

El 16 de septiembre de 1936 los carlistas integrados en el bando nacional, liderados por el comandante Rada, después de varías semanas de asedio y muchas muertes en ambos bandos, se hicieron fuertes hasta el final de la Guerra en el Puerto de Navafría, y establecieron su cuartel general en el refugio del puerto, hoy restaurado y convertido en un pequeño centro informativo de esquí de fondo.

Sobrecoge pensar en la Guerra Civil y en lo que no hace tantos años pasó por esos lugares que hoy solo nos proporcionan placer. Es importante conocer al menos, que todas esas fortificaciones, trincheras, refugios y ruinas que hoy encontramos en nuestros paseos, tienen una historia y han configurado lo que hoy somos. Por cierto, no vendría mal que las Administraciones competentes, al igual que se hace en otros lugares de Europa, cuidaran estos vestigios, se señalizaran y nos dieran alguna información de ellos. Nunca se ha hecho y la realidad es que casi todas las trincheras y fortificaciones están derruidas y casi desaparecidas por la acción de la nieve y el hielo.  ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

Carpetanos y vetones

La línea montañosa que delimita las provincias de Madrid y Segovia, y que se extiende desde el Puerto del Nevero hasta el Puerto de Somosierra, se denomina Montes Carpetanos, y tiene el origen de su nombre en nuestros antepasados.

Los carpetanos eran un pueblo prerromano que habitó lo que actualmente es la Comunidad de Madrid y el norte de Castilla La Mancha. La Sierra de Guadarrama les limitaba al norte,  y al oeste el río Alberche era su frontera natural con otro antiguo pueblo: los vetones.

Su modo de subsistencia se basaba en la ganadería, principalmente rebaños de cabras, el cultivo de la vid y el olivo en los lugares que las temperaturas lo permitían, la caza y la extracción de oro y plata. El sobresueldo lo ganaban como mercenarios en las múltiples luchas contra los romanos mantuvieron los pueblos de la península.

Los carpetanos intentaron ser “romanizados” en sucesivas batallas desde el año 195 a.c. hasta el año 133 a.c., en el que el famoso Escipión, -Publio Cornelio Escipión El Africano-, acabó con su dura resistencia con la caída de Numancia.

Se sabe que era un pueblo bastante desarrollado y “civilizado” en comparación con otros pueblos del interior y norte de la península, que sus cabañas se construían en cerros y zonas altas sobre bases de piedra, y que adoraban a la diosa Ataecina, diosa del renacer, de la primavera, la naturaleza, la luna, la fertilidad y la curación -un todo terreno en cuestión de diosas-. Por cierto, Ataecina está asociada a la diosa Proserpina de los romanos, también relacionada con la primavera.

Curiosa la leyenda de Proserpina que fue raptada por Plutón y llevada al inframundo. Como el lugar no le gustaba consiguió por medio de otros dioses que Plutón la dejara marchar con la condición de que comiera seis semillas de granada –que representaban la fidelidad-, obligándose a volver con él año a año. De modo  que cuando Proserpina abandona el inframundo llega la primavera, y cuando vuelve con Plutón, comienza el otoño.

Por su parte, los vetones,  asentados en el Sistema Central, en la zona de Gredos, Sierra de Francia y Sierra de Gata, eran esencialmente ganaderos y estaban especializados en representar cerdos y vacas, los llamados “verracos”, esculturas en piedra de las que son ejemplo archiconocido los “Toros de Guisando”. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS