La Laguna de Peñalara y sus leyendas

 

 

Laguna Grande de Peñalara.

Laguna Grande de Peñalara.

La Laguna de Peñalara o Laguna Grande de Peñalara es de origen glaciar y se localiza en el fondo del circo de Peñalara, a 2.017 metros de altitud. Pertenece al término municipal de Rascafría y está dentro del Parque Natural de Peñalara. Un lugar bello y enigmático rodeado de praderas y áreas rocosas con piornos y enebros rastreros.

 

Entre su fauna destacan anfibios y aves y puesto que se trata de una zona de especial protección medioambiental, no se permite transitar libremente a los senderistas y visitantes, sino únicamente por los caminos marcados.

 

La profundidad máxima de sus aguas es de 4,7 metros y su perímetro es de 650 metros. Sus aguas permanecen congeladas aproximadamente entre diciembre y marzo y a ella se llega por un camino perfectamente marcado que sale del Puerto de Cotos, a 1.830 metros de altitud.

 

Esta laguna permanente es la más grande del Parque Natural de Peñalara y la más visitada. Por supuesto, también tiene sus propias leyendas, entre ellas la más conocida, la de La Pastora, que cuenta que cada noche de Difuntos emerge de las aguas la figura de una pastora que trató de salvar a un cordero de morir ahogado, en plena noche, al confundir sus balidos con unos extraños sonidos que nacían de las oscuras aguas de la Laguna.

 

Otra de las leyendas, la de Los dos Amigos que curiosamente investigaban la leyenda anterior, dice que mientras uno de ellos leía un libro en la orilla, el otro se adentró en la laguna. Cuando el que leía cerró de golpe el libro, el que se había atrevido a entrar en la laguna fue engullido por las aguas. Así son las cosas de las leyendas, aunque ésta tiene más tintes de leyenda urbana que  de bucólica. ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS

La cueva del monje que pactó con el Diablo

Cueva del Monje-Valsaín. Foto de A. Moreno (CENEAM)

Varias son las versiones que circulan sobre la leyenda de la Cueva del Monje, situada en el bosque de Valsaín (Segovia). En todas ellas el protagonista es un hidalgo cristiano conocido por el nombre de Segura, que vendió su alma al diablo a cambio  de riqueza y poder, en una versión, o a cambio de la eterna juventud, en otra.

 

Segura  se refugió en la famosa cueva de Guadarrama albergando, seguramente, la esperanza de no ser localizado por su temido acreedor, el Diablo. Pero claro está, el innombrable conocía perfectamente todas las rutas internacionales habidas y por haber, incluida esta tan local en los bosques de Valsaín, y acudió años después a cobrarse su deuda.

 

La leyenda  dice que el tal Segura, ya convertido en monje solitario, se encomendó entonces a la Virgen, la cuál  logró convencer al Diablo para que abandonara su propósito. Desde entonces, como no podía ser de otra forma, se dice que por los bosques de la localidad segoviana vaga solitaria el alma del monje y que aún puede oírse en las noches invernales de luna llena su lamento entre los legendarios pinos de este lugar.  ISABEL PÉREZ para GUADARRAMISTAS

 

El Cancho de los Muertos y la cruz de El Mierlo

 

 

El Cancho de los Muertos

El Cancho de los Muertos

Esta conocida mole granítica de La Pedriza que en la actualidad frecuentan los  escaladores, sirvió en su momento a los bandoleros para dirimir cuitas y ajusticiar a sus víctimas arrojándolas por el precipicio. Por La Pedriza del Manzanares se refugiaron Pablo Santos, Barrasa, y hasta el mismísimo Luis Candelas, el más famoso bandolero de Madrid, al que pillaron, tras dejar sus escondites serranos en el Rastro, -lo más parecido a El Corte Inglés de la época-, y que yo creo que era más temido por el miedo que daba que por lo malo que era.

 

Dice la leyenda que tres bandoleros secuestraron a la joven hija de unos ricachones madrileños, que la llevaron al Cancho de los Muertos, y que el jefe de la banda decidió que la muchacha era “suya”. Aprovechando que el jefe se ausentó, los otros dos lucharon por ser los primeros en abusar de ella, y en tal lucha uno murió a manos del otro. Cuando el jefe volvió, no convencido por las explicaciones del vivo, trató de arrojarlo por el precipicio, pero éste le enganchó del tobillo y los dos se despeñaron. La joven quedó allí sola, pero libre, y fue rescatada por un pastor de cabras, El Mierlo, quien la llevó a Madrid y renunció al trabajo y recompensa que los padres de la muchacha le ofrecieron. Cuando El Mierlo volvió a su Pedriza, otros bandoleros pensando que sí había cobrado la codiciada recompensa lo asesinaron días después. Sus amigos pastores hicieron, con piedras en el suelo, una cruz en el lugar donde fue asesinado. Hasta aquí la leyenda.

 

Después, en 1920, Bernaldo de Quirós descubrió una cruz, que no fue capaz de volver a encontrar. En 1997 unos excursionistas descubrieron de nuevo la cruz, y hoy se puede acceder a ella tras un tortuoso camino. Dicen que esa cruz es la de El Mierlo. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO  para GUADARRAMISTAS