Laureano Pérez Arcas y Serafín de Uhagón

La actividad científica en nuestro país nunca ha sido muy valorada. Nunca han apostado nuestras diferentes Administraciones Públicas por la ciencia, y menos aún por la ciencia “improductiva”, es decir, aquella que no genera beneficios con rapidez.

Ser entomólogo ha sido y es algo raro. Para empezar, si se le preguntara a la mayoría de la población por tal especialización, la respuesta se relacionaría con una rama de la Medicina, algo así como ginecólogo o cardiólogo. Ser entomólogo a finales del siglo XIX y principios del XX era toda una azaña, o no. Tal vez sea más heroico serlo en nuestras fechas en las que andar por la vida buscando bichos, comparándolos y clasificándolos no es precisamente aproximarse a dar un pelotazo.

Dos de los más prestigiosos entomólogos españoles, Pérez Arcas y Serafín de Uhagón, se conocieron casualmente.

Cuentan que el entomólogo Laureano Pérez Arcas fue a cobrar un cheque a una sucursal bancaria. Al entrar fue reconocido de inmediato por Serafín de Uhagón, hijo del banquero propietario de la entidad. Se extrañó Pérez Arcas de ser reconocido –los entomólogos no eran famosos y además no había televisión-. Tras la pertinente conversación resultó que el hijo del banquero era un gran aficionado a los insectos, y ambos entusiastas conocedores de la Sierra de Guadarrama. Pérez Arcas, catedrático de Zoología en la Universidad Central invitó al joven aficionado a incorporarse a las excursiones naturalistas en busca de escarabajos. El joven Serafín resultó finalmente un alumno aventajado, ya que diferentes especies de coleópteros fueron descubiertas en años posteriores por Uhagón.

Laureano Pérez Arcas.

Laureano Pérez Arcas.

 

Laureano Pérez Arcas (Requena 1820-1894) especialista en coleópteros y más en concreto, en cerambícidos, colaboró en la creación de la Sociedad Española de Historia Natural.

 

 

Serafín de Uhagón.

Serafín de Uhagón.

 

Serafín de Uhagón (Bilbao 1845- Madrid 1904), también especialista en coleópteros. Tesorero de la Sociedad Española de Historia Natural. Algunas especies llevan su apellido, como el coleóptero que antes existía en nuestra sierra Mylabris uhagonii, y del que no se sabe nada desde 1940. Ángel Sánchez Crespo para GUADARRAMISTAS

Machado y la Sierra de Guadarrama


Antonio Machado.

Antonio Machado.

No fue Antonio Machado (Sevilla 1875-Colliure, Francia 1939) un hombre excursionista, al menos por lo que se entiende como senderista. Tenía el poeta dificultades para caminar con soltura entre pendientes y en abruptos recorridos. Es más, tenía cierta torpeza para caminar incluso por lugares llanos. Tal vez por ello le mostraba su asombro a Ignacio Bolívar, uno de los más importantes entomólogos españoles al que decía “…insigne Bolívar, cazando saltamontes a sus setenta años, con general asombro de las águilas, los buitres y los alcotanes de la cordillera carpetovetónica…”.

Machado detestaba el deporte, la gimnasia, y lo hizo saber a través de su Juan de Mairena calificando como “…absurda y ambiciosa la expresión educación física…no hay que educar físicamente a nadie…, todo deporte es trabajo estéril, cuando no juego estúpido…”

Sin embargo, Antonio Machado contemplaba la Sierra de Guadarrama, viajaba frecuentemente desde Segovia a Madrid en ferrocarril. Amante de la grandeza del paisaje su inabarcable sensibilidad le hizo preguntarse:

¿Eres tu, Guadarrama, viejo amigo,

la sierra gris y blanca,

la sierra de mis tardes madrileñas

que yo veía en el azul pintada?

Por tus barrancos hondos

y por tus cumbres agrias,

mil Guadarramas y mil soles vienen,

cabalgando conmigo, a tus entrañas.

Camino de Valsaín/ Campos de Castilla

Sentimiento y homenaje difícil de superar para no ser senderista ni haber hecho noche nunca en las cumbres de Peñalara. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

Un entomólogo, un perro y la más bella mariposa

Allá por la primavera de 1849 paseaba Don Mariano por los bosques de Peguerinos (Ávila) en los límites con San Lorenzo del Escorial (Madrid), en plena Sierra de Guadarrama cuando su perro, de nombre “Curicus”, se quedó inmóvil mirando un extraño ser que reposaba sobre un tronco de pino caido; “…así cogí por primera vez a la Saturnia isabellae…”, contaba el propio Graells.

Mariano de la Paz Graells y su perro Curicus. Archivo MNCN-CSIC.

Mariano de la Paz Graells y su perro Curicus. Archivo MNCN-CSIC.

El descubrimiento de este riojano, guadarramista, catedrático de Zoología y director del Museo de Ciencias Naturales de Madrid, causó sensación en la época. Se trataba de una hembra y transcurrieron más de cuatro años hasta que el propio Graells localizó a un macho de la especie.

Pero las dudas y las críticas de entomólogos contemporáneos y posteriores, empañaron el descubrimiento. Se le reprochaba no haber invitado a sus colegas a sesiones de búsqueda de la especie, no haberles regalado ejemplares, no haber descrito con exactitud el lugar del encuentro, en definitiva, se dudaba de su hallazgo.

Recelos y odios entre colegas, envidias ante el descubrimiento de la mariposa más hermosa del hemisferio norte, nocturna para más señas -una polilla que diríamos despectivamente-, pero una polilla grande, de hasta diez centímetros y de colores maravillosos. En latín la describía su descubridor como “… Saturnia isabelae alis patentibus, anticis rotundis, posticis caudatis, omnibus viridibus… basi lanuginosis marginibus nervisque purpureo ferrugineis…”

Graellsia isabelae. Archivo MNCN-CSIC.

Graellsia isabelae. Archivo MNCN-CSIC.

 

Las pasiones que desató el lepidóptero llegaron al extremo de querer nacionalizarlo. Tanto fue así que en 1922 el entomólogo frances Oberthür dijo haber descubierto una subespecie en el Departamento de Hautes-Alpes, a la que llamó Graellsia galliaegloria o lo que es lo mismo Graellsia “gloria de Francia”. Al final resultó ser la misma especie descubierta por Graells.

También se dijo que la mariposa francesa era descendiente de ejemplares españoles que se habían llevado hasta Francia. En suma, una sucesión de disparates patrióticos a los que por suerte son ajenos los lepidópteros, y que para no ser menos siguió en su momento el propio descubridor poniendo a la mariposa por nombre el de la reina vigente Isabel II, Saturnia isabelae. Posteriormente, para no dejar sin mérito al propio Graells, la mariposa pasó a denominarse Graellsia isabelae, y actualmente Actias isabelae. Es decir, que perdura el nombre de la reina pero no el del entomólogo, aunque a decir verdad “Actias curicusae” por hacer honor al perro de Don Mariano “Curicus” hubiera sido más justo. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS

 

 


Francisco Giner de los Ríos, el primer guadarramista

Refugio Giner (La Pedriza del Manzanares)

Refugio Giner (La Pedriza del Manzanares)

Giner de los Ríos nació en Ronda (Málaga) el 10 de Octubre de 1839 y falleció en Madrid el 17 de Febrero de 1915. Amante de la Sierra de Guadarrama, de su naturaleza, pueblos y costumbres fue pionero en el excursionismo didáctico. La experimentación con la naturaleza, con las cosas “pequeñas” y sus interacciones, hasta comprender lo más complejo y trascendente, forman parte de la filosofía krausista de Giner de los Ríos.

Francisco Giner de los Ríos, ideólogo y defensor de la libertad de cátedra y de una enseñanza que permitiera compartir e intercambiar oponiones entre alumnos y profesores, fue expulsado de su cátedra, precisamente por esa falta de libertad contra la que se rebeló. No obstante, su empeño le llevó a crear la mítica Institución Libre de Enseñanza, vivero irrepetible de grandes talentos.

El 14 de Julio de1883, Giner de los Ríos en compañía de alumnos, profesores y geólogos, llevó a cabo la primera excursión a pie de la Institución Libre de Enseñanza por la Sierra de Guadarrama. De Villaba a La Granja de San Ildefonso. Fueron tres duras jornadas. La primera de ellas entre Villalba y El Paular, desde las tres de la madrugada hasta la caída de la tarde. El segundo día el trayecto discurrió por el Alto Lozoya, y el tercer día entre El Paular hasta La Granja por el Puerto del Reventón (no existían las carreteras que ahora unen El Paular con la Granja a través de Cotos).

Decía Antonio Machado de este gran guadarramista: “Como todos los grandes andaluces, era don Francisco la viva antítesis del andaluz de pandereta, del andaluz mueble, jactancioso, hiperbolizante y amigo de lo que brilla y de lo que truena. Carecía de vanidades, pero no de orgullo; convencido de ser, desdeñaba el aparentar. Era sencillo, austero hasta la santidad, amigo de las proporciones justas y de las medidas cabales. Era un místico, pero no contemplativo ni estático, sino laborioso y activo. Tenía el alma fundadora de Teresa de Ávila y de Iñigo de Loyola; pero él se adueñaba de los espíritus por la libertad y por el amor. Toda la España viva, joven y fecunda acabó por agruparse en torno al imán invisible de aquél alma tan fuerte y tan pura”.

La influencia de Giner en la Generación del 98 queda patente en el gusto por el paisaje, por la tierra, por la naturaleza. Gracias a sus excursiones pioneras, otras legendarias instituciones como La Sociedad de Amigos del Guadarrama o el Club Alpino Español, iniciaron sus andanzas allá por 1886 y 1908, respectivamente. De ellas hablaremos en otra ocasión. ÁNGEL SÁNCHEZ CRESPO para GUADARRAMISTAS